El recitar cantando

«No pudo tener mejor cómplice que a Daniel Zapico. Siempre atento a la definición y nitidez del sonido de su tiorba, que sonó con claridad y brillantez diamantina, el asturiano aportó a sus acompañamientos una enorme riqueza de voces y texturas, realizando arreglos muy en estilo como transiciones o puentes entre las piezas vocales, como el que condujo de “Nigra sum sed formosa” a “Dormo ancora” de manera sutil y natural. Intercaló entre las intervenciones del cantante diversas piezas de Kapsberger. Sobresalió aquí en la claridad (nada sencilla dada su complejidad armónica) en la exposición de las tocatas y, sobre todo, la riqueza de su fraseo en las piezas estructuradas sobre ostinati, en los que la figura del bajo era siempre reconocible sobre la filigrana ornamental superpuesta.»

Scherzo
Andrés Moreno Mengíbar | septiembre 2024